13/11/14

Actitudes comerciales: Mejorando el café


- Dos cafés con leche, por favor. Uno pequeño.
- ¿Templados?
- No, gracias


La camarera volvió al poco con dos tazas adornadas con sendos dibujos en la espuma de la leche. La primera sensación fue de sorpresa, luego de inmenso placer. Me encantó el detalle. No por las filigranas en sí, pues ya las había disfrutado en otros lugares, sino porque estaba sentado en una pequeña cafetería de Osuna (Sevilla), junto al hospital comarcal, alejado de un centro turístico o de un restaurante de postín.

Tras la primera impresión, levanté la vista y me fijé en los detalles más visibles del recinto que en ese momento estaba lleno a rebosar. Vi que todo estaba enfocado para vender café: pizarras escritas con tiza líquida, decoración con múltiples referencias informativas, tienda de diferentes tipos de cafés, tonos ocres y tostados. Se notaba que había sido abierto recientemente. Su horario principal cubría desayunos y sobremesa. Por las mañanas superaba expectativas sin duda. La oferta de acompañamientos era variada y se veía a simple vista que los clientes la aprovechaban con sumo gusto. Pude distinguir pan con diferentes rellenos, bollería y churros. La luz era abundante y reforzada al fondo.

La conversación con mi invitado se alargó y vimos como el local se fue vaciando paulatinamente, no así la actividad. Las camareras limpiaron a conciencia las mesas, repusieron los servilleteros, desengrasaron las botellas de aceite, sustituyeron las que estaban a punto de vaciarse, repasaron las sillas y fregaron el suelo. En la barra tampoco había paz, "limpia que limpia, rasca que rasca". Un pequeño negocio con ganas
de vivir y crecer.

 

 - Oye, Pepe, mira lo que me pusieron el otro día en Osuna.
- Tendrían mucho tiempo. Aquí no podemos andar haciendo filigranas. La prisa me come. Además la gente no aprecia esas cosas en lo que valen.
- Pues había bastante más público que aquí.
- Seguro que lo cobraba caro.
- Dos cafés, dos euros.
- Pues entonces el local le cuesta barato y paga en negro a sus trabajadores.
- Vale, Pepe, no pretendía ponerte en guardia. Bastante tienes con lo tuyo. Pero que sepas que el cafelito de Osuna estaba muuuuuucho más rico.


Se puede entender que un pequeño empresario no crea que unos pocos detalles puedan cambiar el curso de su negocio. Menos aún cuando le va bastante bien haciendo lo que hace a diario. También es cierto que empezar a trabajar en una dirección es más fácil que cambiarla después. Lo que no es admisible de ninguna de las formas es que no se prepare para lo que le viene encima, una competencia implacable y unos clientes que buscan el aumento de su felicidad de manera instintiva. El YO no puedo lleva a al YA no puedo.

Pero dejemos las cafeterías y entremos en los restaurantes. ¿Qué excusa tienen para no hacerme un dibujito en mi café? ¿Por qué la caña de cerveza X no deja marca en el vaso después de cada sorbo y en Madrid sí? ¿Cuándo dejaré de tener que pedir jarras heladas? ¿Cómo es que no me enganchan con una tapa deliciosa en lugar de ponerme esas aceitunas rancias?

Os propongo un ejercicio en común: Cómo transformar un bar de tapas sin esfuerzo financiero alguno. ¡Que salgan las ideas!


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