5/10/14

Actitudes comerciales: La celebración


Cliente:    Buenos días.
Empresario:    Buenos días:
C:    Quisiera reservar mesas para 92 personas el último domingo de noviembre.
E:    ¿Para 92 personas?
C:    Si. Es una celebración familiar y quisiera traerlos aquí. ¿Tengo que dejarle alguna señal?
E:    Bueno, para ese tipo de eventos tenemos unos menús muy apañaditos. ¿Los conoce?
C:    No, pero no importa. Disfrutaremos de su carta. ¿Qué suelen traer de pescado de roca?
E:    El caso es que tenemos una gran variedad de menús entre los que seguro encontrará algo que se ajuste a sus necesidades.
C:    No, no no. Comeremos a la carta. Si acaso encargaríamos algo de paella por si a alguno le diera por pedirla como tapa, pero aún no lo hemos decidido.
E:    La paella la incluimos siempre como entrante, así como todas las bebidas que quieran y el menú de los niños. Además, podrían escoger entre dos carnes y dos pescados.
C:    ¿Hay algún problema con su carta?
E:    No, que va. Pero es que cuando vienen grupos tan grandes ...
C:    ¿Grande? Tiene usted un aforo de 164 personas que ha completado con creces durante todo el verano. Oiga, yo solo quiero que mis familiares elijan lo que les apetezca, en el orden que les dé la gana y en el momento que quieran, pero veo que los menús son mejores y ¡yo no quiero menú!
E:    Perdone, no me malinterprete, es que ...
C:    Si le malinterpreto. ¡Claro que le malinterpreto! Usted no quiere que escoja la carta porque quiere clavarme un menú.
E:    No, hombre, no diga eso. Si ya ve que la carta es de máxima calidad.
C: ¡Hum! Pues ya le digo yo que no me fío. Que lo mismo llega el día de la celebración y me ajusta la carta para que se parezca a sus menús. Quede con Diós, buen hombre.


Autor foto: Pink Sherber Photography en Flickr

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