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El boicot de la familia


¿Cuántas empresas familiares se van a pique porque sus socios son incapaces de lidiar con los miembros de la familia que trabajan en ellas? Es el boicot de la familia.

Hace más de una año ayudamos a un cliente a elegir y formar a sus vendedores. Uno de ellos era sobrino y entró en la empresa con el único mérito de ser quien es. “A ver si hacemos carrera con él”, dijeron. El sueldo que hubiera correspondido a un vendedor con ganas de trabajar se lo adjudicaron a un joven indolente.

Al cabo de pocos meses lo cambiaron de departamento y aún va dando tumbos por ahí. Un verdadero grano en el culo fruto de una sensibilidad mal entendida.

Comprendemos que existen compromisos ineludibles que hay que asumir de vez en cuando, pero nunca deben afectar al buen funcionamiento del negocio. La empresa necesita trabajadores eficientes y cualificados. El que no lo asuma así, sobra.

Más aún. Puesto que las decisiones tomadas por la dirección y mandos intermedios se verán comprometidas por estos lazos familiares, deberían mostrar una dedicación y compromiso ejemplares.

Antes de enrolarlo léele la cartilla. Explícale bien cuál es su lugar y que esperas de él. Márcale un período de prueba y unos objetivos claros y medibles. Encarga a alguien de tu confianza que lo supervise y le exija. No hables con él de trabajo fuera del trabajo. Evita conversaciones de familia en horario laboral. En definitiva, ve demostrándole poco a poco cómo va a ser la nueva forma de relacionaros.

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