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Cuando los mapas son los territorios

De un mapa obtenemos gran cantidad de información útil pero también es cierto que no están todos los datos. En el mapa no podemos saber si el terreno está embarrado, si las plantas han sido comidas por una plaga o están cayendo granizos como bolas de petanca. Puede también que el mapa esté mal redactado, deteriorado o incluso escrito en otro idioma que no comprendamos.

Sin embargo, un contrato firmado deja de ser mapa para convertirse en territorio. No importa que no reflejen toda lo negociado o sean rematadamente difíciles de entender. Lo firmado prevalece. Sobre todo si eres la parte débil. Para colmo la crisis ha agudizado el ingenio de las empresas contratantes. A su favor, claro. Nunca hubo tanto peligro de tragarse un sapo.

Cuando recibimos un contrato ya escrito debemos esforzarnos en comprender cada punto y no quedarnos sólo con “el espíritu” del mismo. Desmenuzar la letra pequeña consiste en contrastar los acuerdos tomados y buscar puntos contradictorios o circunloquios envenenados.

Pon especial atención en anexos que reduzcan plazos, cláusulas que modifiquen otras, párrafos sin sentido fruto de una apresurada redacción, el uso de diferentes idiomas, aplazamientos de cobro encubiertos por supuestas normas administrativas, o, peor aún, puntos no negociados en base a que “son normas de arriba y se hace así con todos”.

(Autor foto: Dockedship en Flickr)

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