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La diferencia entre acoso y persistencia

En tiempos de vacas flacas todo se extrema. Los vendedores lo hacemos. Con tal de vender llegamos a apabullar. Llamadas, visitas, correos, mensajes, redes sociales, todo lo que sea necesario para conseguir que nos hagan caso. Lo malo es que a veces cruzamos la frontera del acoso y esto trae consecuencias.

Cuando traspasamos estos límites generamos diferentes tipos de miedo tales como:
  • Miedo a recibir vendedores. Algunos compradores ya han pasado por la experiencia de ser acosados o de haber caído en las redes de un abusón y nos rechazan al primer saludo. Simplemente nos temen.
  • Miedo a ser vendedor. Es el miedo al rechazo que proviene de la propia experiencia con el mundo de las ventas.
  • Miedo a las objeciones y al cierre. Identifican las objeciones como señales de repudio. No las responden, simplemente terminan. Mezclan el miedo al rechazo con la prudencia a traspasar ciertos límites que sólo sospechan. Ni siquiera se aproximan al cierre.
  • Miedo al qué dirán. Se manifiesta cuando tenemos que venderle a alguien de nuestro entorno cercano, casi familiar. Es una especie de pudor, de vergüenza, que nos impide venderle a un vecino. Algunos los disfrazan con un “no quiero problemas” o un “prefiero mantener la amistad”. Perdemos toda nuestra confianza en nuestro producto, en nuestra empresa y en nuestra profesionalidad por un “qué dirán”.
Muchos hemos justificado los excesos por el fragor de la batalla, sin tener en cuenta que esa batalla es propiedad únicamente de nuestro cliente. En ella jugamos porque él nos lo permite. Es su terreno, sus normas y su tiempo. De modo que el límite entre acoso y persistencia lo pone él.

Descubrirlo no es fácil, aunque si indagamos sobre las diferencias que existen entre relaciones profesionales y relaciones personales encontraremos guías acertadas para dar con él.

Pero, por favor, no te empeñes en buscar fronteras de paciencia. Dedícate a buscar el beneficio de tu cliente. Consagra tus esfuerzos a conseguir su interés y verás cómo sus límites se diluyen. Ahorra energías y disgustos. Acepta que no todos pueden ser tus clientes. Céntrate en tu cliente objetivo. Ése es el que posee el terreno de juego propicio para ti y te está esperando.

(Autor foto: WoogyChuck en Flickr)

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