miércoles

Los clientes están fuera. O los traes o vas a por ellos.

"¡Vaya oficina que has montado, Manuel! Es chulísima. Oye, ¿no crees que te has pasado?"

Ni se te ocurra decirle a alguien que su oficina es excesiva. ¡Después de lo que se ha gastado! Y no sólo dinero, también ha derrochado ilusión, esfuerzo y tiempo. Cualquiera se mete con ella. Bien mirado, la nueva oficina está construida a la medida de sus errores conceptuales. Porque seguro que sus clientes no han venido a verle jamás y precisamente por eso tiene una fuerza de ventas. Los clientes están fuera. O se les busca o se les invita a entrar.

A igualdad de confort y rentabilidad de cada metro cuadrado, si necesitas que entren los clientes en tu local, procura extremar el deseo para que lo hagan y la acogida para cuando estén dentro. Si no necesitas que entren, extrema la productividad.

No despilfarres. Si eres de los que pescas fuera de tu centro de trabajo, podrás sustituir el lujoso escaparate por cartelería, el inmenso hall de entrada por salas de juntas polivalentes o el mostrador de recepción por un puesto de trabajo administrativo que atienda al inesperado recién llegado. Puede incluso que lo puedas eliminar. 

Si eres de los que recibes, no dudes en mejorar tus espacios. Estudia la luz, la visibilidad, la temperatura, los olores, la amabilidad, la forma de presentar la oferta, las gestión de esperas, la rapidez de servicio, el acceso, el aparcamiento, todo lo que pueda significar una barrera a que permanezca más tiempo dentro o a que quiera repetir la experiencia.

Vamos, date seis mes y escucha a los números. Mide la afluencia. A lo mejor te compensa cambiar de local o darle un repaso al que tienes.

(Autor foto: Arenamontanus en Flickr)

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