martes

¿De verdad que tú quieres vender?

Perdona que insistamos pero es que cada poco encontramos a alguien que no lo tiene claro. 

Hay un quiosco al borde del paseo marítimo de nuestro pueblo por el que pasan todos los nativos y veraneantes en verano. Pocos tienen la suerte de decir lo mismo. Está en un sitio privilegiado.

Vende golosinas, helados y bebidas. Sus posibles clientes son todos los que pasean delante de él. Da igual la edad, todos podrían acercarse a comprar algo, si bien no todos pedirían lo mismo. Los adultos son diferentes a los jubilados y los niños solitarios son distintos a los que llegan de la mano de sus padres. Se podría hacer una segmentación a través de características tan poco sutiles como la altura del comprador o el color sonrojado de la piel.

Son tan evidentes las diferencias de unos y otros clientes, que resulta difícil creer que las chuches estén a metro sesenta del suelo, que las bebidas frías se agoten a mediodía o que las marcas de sus productos sean tan desconocidas como su origen.

Claro, luego hay otros que, a pesar de estar peor situados, venden hasta toallitas para bebés. Tan llenos están de productos que parece que van a estallar en cualquier momento. Saben gestionar perfectamente las colas creadas por los más pequeños, regalan caramelos por mil motivos, tienen latas frías a cualquier hora, las pipas están buenísimas y para colmo te preguntan por la familia de un año para otro. Saben que el verano es corto y quieren vender al máximo.

Una vez más se demuestra que la actitud es la gran ventaja competitiva de los vendedores. Lo demás son complementos.

(Autor foto: Paul en Flickr)

No hay comentarios:

Publicar un comentario