jueves

Cómo vender butano. Caso práctico

Tanto ha subido el precio de la bombona de butano que lo primero que se ha sacrificado es la propina del sufrido trabajador.

También se les ha puesto difícil vender. El precio no depende de ellos, lo marca el estado. La competencia apremia, surge como rosquillas por todos lados,  y en algunos sitios han reducido plantilla. Antes obtenían un suculento complemento por subirte las pesadas botellas naranjas hasta el último piso. Más propina cuanto más alto fuera el bloque y más años tuviera el cliente. Así de sencillo. En cambio ahora, amigo, el bolsillo está vacío. Pues ni una mala cara. ¡Qué gente!

No obstante, algunos ya están ingeniándoselas para cambiar la tendencia. Te comprueban la instalación, te dan su teléfono por si tienes una emergencia, te llevan el trasto hasta el último rincón de la casa, te informan de las próximas subidas por si quieres alguna unidad más, te dicen las rutas que siguen por si deseas adelantar la compra por aquéllo de las vacaciones, intentan mantener siempre una mínima conversación y hasta te sonríen después de subir tres pisos sin ascensor. ¿Cómo no les vas a dar como mínimo el cambio?

Algo así es lo que estamos intentando lograr con nuestro cartero, pero no hay modo. El tío es muy … muy ... “sieso”. Es como si no pudiera. Siempre va deprisa. Lo conocemos de perfil. Para colmo no te entrega los certificados, sólo las comunicaciones. ¿Qué espera? Por lo pronto lleva sin aguinaldo desde hace años. Él se lo ha buscado. ¿O no?

(Autor foto: Daquella Manera en Flickr)

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